La noticia generó mucho ruido y no es para menos. En el país “carnívoro” por excelencia, la posibilidad de importar asado desde Brasil es, cuanto menos, llamativo. El fin de semana surgieron versiones periodísticas que dan cuenta de ello y la importación estaría a cargo, en principio, de distintas cadenas de supermercados.
La medida encontraría sus argumentos en la posibilidad que tendría Brasil a la hora del status sanitario que ostenta: está todo dado para que pase a convertirse en un país libre de aftosa sin vacunación. Sin embargo, no todo es tan rápido ni tan fácil como parece.
“Primero Brasil debe recibir la confirmación de libre de aftosa sin vacunación. debe acordar con el Senasa bajo qué condiciones podría ingresar y todo eso seguramente llevará algún tiempo. No tengo idea de cuándo ocurrirá todo eso, pero si me guío por la lógica no será antes de cuatro o seis meses en el mejor de los casos”, explicó a Ecos365 el analista ganadero Víctor Tonelli.
“Por ahora son todos supuestos y trascendidos. Son temas que pueden ocurrir y seguramente en algún momento van a ocurrir, pero no será pasado mañana ni mucho menos ocurrirá el mes que viene”
El escenario si ocurriera
Para Tonelli, si ocurriera todo lo que se dice, Brasil no debiera tener ningún tipo de inconveniente de exportar carne a la Patagonia y eventualmente carne sin hueso, siempre y cuando cumpla con los requisitos que exige la Patagonia o el Senasa para que se permita la importación de esta carne.
De todas maneras, “se abrirá el debate en la Patagonia con los representantes de los productores y de los gobiernos: qué van a hacer, si se levanta o no la barrera. En el supuesto que se levantara, y si los frigoríficos cumplen con las condiciones que exige Senasa para que ingrese carne con hueso de la zona norte a la zona sur, no va a ocurrir antes de cinco o seis meses, en el mejor de los casos. O sea que nada es inmediato ni nada es urgente”.
Preocupación
El experto señaló que su principal preocupación es el riesgo que eventualmente supone recibir mercadería de lugares donde no se practica la vacunación contra la Fiebre Aftosa, pero también por el impacto que pueda tener en la ganadería patagónica.
“Me parece que el punto más central de todo este debate es de qué manera se puede ayudar al sector ganadero para seguir produciendo en zonas muy complejas y ser de alguna manera lo que me gusta llamar defensores de la soberanía territorial en la Patagonia. Sin ganado y sin ganaderos es tierra de nadie”.
“Para mí lo verdaderamente importante es que hoy, gracias a la barrera, el productor patagónico recibe 25 o 30% más de valor por su ganado, dependiendo la época del año. Eso le permite ser sustentable en una región donde suelo y clima son francamente muy duros, y por lo tanto tienen costos que no se tienen en el norte, y riesgos que asumir, que de alguna manera necesitan un valor más alto”
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