Dentro del organismo existe un conjunto de bacterias indispensables para su correcto funcionamiento. Denominado microbiota, estos seres vivos que habitan el intestino y otros sectores del cuerpo (incluido el sistema nervioso), requiere de una serie de cuidados por parte de las personas, sobre todo respecto de su alimentación.

"El mejor menú para las bacterias que nos protegen se basa en cuidar lo que comemos, limitar y controlar el estrés y vivir una vida más tranquila", señalan expertos en la temática.

La microbiota

El término microbiota se utiliza actualmente para hacer referencia a lo que hasta hace unos años se llamaba “flora intestinal”, basándose en la antigua idea de que los seres vivos microscópicamente pequeños del intestino eran parte del reino vegetal, pero según expertos, en realidad lo que habita son "pequeños animalillos haciendo de las suyas". Entre los microorganismos que la constituyen, se encuentran bacterias, levaduras y virus.

La microbiota intestinal cumple funciones clave en el organismo, como intervenir en la digestión y absorción de nutrientes de los alimentos; influir en cómo el cuerpo almacena y utiliza la energía; contribuir a la regulación del metabolismo de las grasas y la glucosa; y producir la síntesis de algunas vitaminas esenciales.

Además, este microuniverso intestinal también está implicado en la síntesis de los neurotransmisores (sustancias nerviosas); en las defensas corporales contra infecciones y enfermedades; en la protección del intestino contra agentes patógenos; en evitar la llegada de sustancias nocivas a la sangre; así como en la regulación del tránsito intestinal y las hormonas.

A su vez, una parte de la microbiota denominada estroboloma, la cual actúa como un "equipo de élite" y regula el equilibrio hormonal femenino, está íntimamente vinculado a la salud menstrual de la mujer marcando cómo vivirá la fertilidad y menopausia.

Alimentar y cuidar la microbiota

Entre los "no", expertos recomiendan evitar los excesos de azúcares y alimentos procesados, con aditivos que el cuerpo no necesita y terminan provocando un desequilibrio. Tampoco ingerir medicamentos como antibióticos sin control, o tomar contacto seguido con tóxicos medioambientales.

Por su parte, las dietas variadas, con diversidad de grupos de alimentos, son un factor determinante para el buen estado de la microbiota intestinal humana. A su vez, es clave que exista un equilibrio entre las familias de bacterias beneficiosas y de bacterias perjudiciales para el intestino.

Cuatro pasos para alimentar la microbiota:

-Mejorar los niveles de Akkermansia: Esta bacteria es una de las cepas más protectoras y la inulina es un alimento perfecto para alimentar esta cepa. La inulina es un compuesto presente en alimentos ricos en fibra vegetal: crucíferas, verduras de hoja verde, papa, batata y zanahoria, frutos secos, semillas (chía, girasol, calabaza, sésamo), espárragos, frutas en general (especialmente banana, manzana, pera, kiwi, melón y cítricos) y legumbres.

-Mantener el equilibrio entre firmicutes y bacteroidetes: Se trata de las dos cepas bacterianas más abundantes y necesarias en el intestino. Si los niveles de firmicutes están altos, seguramente costará adelgazar y los valores en sangre indicarán colesterol alto, hemoglobina glicosilada alta y azúcar elevado o en el límite. Para disminuir el aporte de esta bacteria, es clave comer menos alimentos grasos y con azúcares, los cuales suelen encontrarse en productos procesados o industriales. Además, mantener una dieta baja o exenta de gluten, incluir ajo, cebolla, puerros, manzana o frutos rojos, ricos en quercetina. 

-Aumentar las cepas de bacteroidetes: Esta familia de bacterias "apagan" (tienen un efecto inhibidor) algunos genes relacionados con la patología cardiovascular y para aumentar sus niveles en el intestino es recomendable incrementar la ingestión de alimentos ricos en fibra, como frutas y verduras. También, realizar ejercicio de forma regular con semiayunos. El consumo de alimentos como pescados azules, frutos secos, semillas de lino y chía también ayudan a mantener unos buenos niveles de bacteroidetes.

-Consumir alimentos ricos en polifenoles: Están presentes en frutas y verduras, y la microbiota tiene que descomponerlos para producir otras sustancias con gran capacidad antioxidante y antiinflamatoria. El cacao y el café, por ejemplo, potencian la formación de bifidobacterias y Lactobacillus (bacterias beneficiosas para el intestino) y son considerados probióticos (alimentos que actúan como nutrientes para la microbiota humana).

Fuente: EFE.