Argentina se ha posicionado durante los últimos años como el país con mayor nivel de adopción de criptomonedas a nivel regional, registrando el mayor crecimiento en cuanto al volumen de operaciones en este tipo de activos digitales en comparación con el resto de América Latina. Entre julio de 2023 y junio de 2024, el país registró depósitos en criptomonedas por un total de USD 91,000 millones, según estimaciones difundidas por Chainalysis, una plataforma especializada en la tecnología blockchain.

A partir de dicho dato, Argentina superó a Brasil en términos de valor total de criptomonedas recibidas. Esto permite entender que el ecosistema cripto sea muy popular en el país, y refleja además el motivo por el que las estafas cometidas a través de esta tecnología tienen tanto impacto.

Un ejemplo de esto es el escándalo por lo sucedido durante las últimas horas a partir de un posteo del presidente Javier Milei en la red social X, en donde promocionó un proyecto ligado al token $LIBRA, que en cuestión de un par de horas pasó de valer USD 0,000001 a USD 5,20.

Tras tocar su pico de capitalización, el valor de esta criptomoneda se desplomó, dejando como saldo pérdida de dinero para todos aquellos usuarios que compraron mientras seguía subiendo y, al mismo tiempo, un margen de ganancia descomunal para los principales tenedores que vendieron en el momento justo.

La mecánica detrás del Rug Pull

Este tipo de operatoria no es una novedad y en el ecosistema se conoce como Rug Pull (“tirón de alfombra” en español), una estrategia mediante la cual los promotores detrás de un proyecto logran aumentar notoriamente el valor del token para luego retirar repentinamente la liquidez detrás del mismo.

La promesa hacia los inversores suelen ser ganancias que superan a cualquier instrumento de inversión disponible en el mercado legal, o bien beneficios relacionados con proyectos innovadores.

Pero la realidad es que, una vez que se reúne el dinero suficiente como para satisfacer los objetivos de los promotores de la estafa, se ejecuta un retiro inmediato de los fondos y el valor del token vuelve a ser insignificante. En este punto, aquellos inversores que fueron atraídos inicialmente pierden la capacidad de intercambiar los tokens por otros más estables o dinero de curso legal, y ven esfumarse sus ahorros.

En definitiva, a partir de la creación de un token que carece de valor por no representar ningún proyecto concreto o tecnología innovadora, se utilizan tácticas de marketing para engañar a inversores e inflar el valor del criptoactivo, generando una burbuja que estalla cuando los impulsores de la estafa retiran sus fondos, que representan la mayor tenencia del token.

En cuestión de un par de horas $LIBRA pasó de valer USD 0,000001 a USD 5,20, para luego desplomarse.

En el caso de $LIBRA, los fundadores tenían el 70% del circulante, cuando lo usual es que acaparen entre el 10% y el 15%, según señaló en su cuenta de X el programador y periodista Maximiliano Firtman.

El especialista también apuntó que “había gente que tenía el dato que iba a salir –por el posteo de Milei– y se prepararon”, lo que quedó expuesto por el hecho de que antes de que apareciera la publicación ya había bots y cuentas comprando el token.

“Dejaron a todos en el piso y la moneda tuvo una rápida y abrupta caída en su cotización por más del 85% a valores más cercanos a $0. Unas pocas cuentas se llevaron la ganancia calculada entre 70 y 100 millones de dólares”, explicó Firtman.

Tipos de Rug Pull

Este tipo de proyectos fraudulentos pueden dividirse en dos grandes categorías:

  • Hard Rug Pull: ocurre de forma repentina, sin previo aviso. Los desarrolladores del criptoactivo desaparecen sin dejar rastro y llevándose consigo la liquidez;
  • Soft Rug Pull: en este tipo de proyectos fraudulentos, los desarrolladores retiran gradualmente pequeñas cantidades de liquidez, lo que puede ser más difícil de detectar al principio. Sin embargo, esta acción también produce una caída paulatina del valor del token, lo que deriva en la pérdida de fondos de los inversores.